El pasado 22 de marzo, la Escuela Agroecológica Troja Manaba, el Colectivo Artos, y la Asociación de mujeres Comunitarias del Cantón Tosagua (Amucomt) presentaron a las autoridades locales el Informe “Mujeres rurales por el derecho a la alimentación, una deuda pendiente”.

A la convocatoria asistieron delegadas del Gobierno Provincial de Manabí y autoridades del Cantón Tosagua. En el marco del evento se inauguró la “Troje de semillas campesinas para la soberanía alimentaria”, una iniciativa de La Troja Manaba que pretende rescatar la biodiversidad alimenticia a través de la colección, el almacenamiento y la reproducción de las semillas criollas de la provincia de Manabí.





La pandemia ejemplifica, acelera y refuerza los elementos estructurales de lo que a futuro serán las crisis agroalimentarias. Con ella hemos evidenciado, por ejemplo, lo desprotegidas que están las ciudades en relación al acceso a alimentos frescos y sanos. Igualmente ha hecho evidente cuales son los efectos de la escasa presencia del Estado en las áreas rurales. Por otro lado, la pandemia ha demostrado cómo la Agricultura Familiar Campesina e Indígena (AFCI) se constituyen en un elemento clave en la primera línea de prevención y atención ante dichas crisis. Aun con un insuficiente apoyo político y económico para el sostenimiento de sus formas de vida, las AFCI han sido una fuente indispensable de respuesta a las necesidades alimenticias de la población, suministrando alimentación sana y saludable, que además genera un menor impacto negativo para el ambiente. No obstante, hay que reconocer que a pesar de que las AFCI dieron respuesta casi inmediata a los requerimientos para la satisfacción del derecho a la alimentación, las comunidades productoras de alimentos a la vez, asumieron un riesgo alto de contagio, poniendo en juego su salud y su vida.


En este escenario, y en el marco del día de la mujer rural y de la alimentación, presentamos la presente cartilla, que representa un trabajo colaborativo de varias organizaciones y que está dedicada a aquellas familias campesinas en especial a mujeres, niños y niñas rurales que, con todas sus energías en medio de un momento de miedo e incertidumbre, mostraron solidaridad y cariño con los pueblos, organizaciones y familias de barrios urbanos, compartiendo la abundancia de comida que produjeron sus fincas.
