miércoles, abril 8, 2026
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Nancy Bedón (UOCE): “Debemos construir nuestro poder desde la autonomía”

#ManosQueNosAlimentan

La Unión de Organizaciones Campesinas de Esmeraldas (UOCE) se fundó en 1978. En la actualidad aglutina a 23 comunidades, afroecuatorianas en su mayoría. UOCE es una organización filial de la regional ECUARUNARI y de la nacional CONAIE.

Las demandas desde su creación siguen siendo la lucha por la tierra, el acceso a buenas vías, el crédito y la comercialización, pero también la facilidad para producir agroecológicamente como alternativa al monocultivo y así garantizar que las comunidades puedan alimentase adecuadamente.

En los últimos años UOCE construyó un proyecto de fortalecimiento organizativo que está vigente y es la Escuela de Formación Política y Agroecológica “Justina Quiñonez”, donde prepara a decenas de jóvenes en un rico y dinámico proceso de aprendizaje que trata sobre la realidad de los pueblos campesinos, y propone alternativas para transformarla. Este espacio, cuya misión es construir capacidades en agroecología y líderes y lideresas para cada una de sus comunidades, ha sido un eje importante para el apoyo y el sostenimiento de las comunidades durante la pandemia.

La organización que durante años ha tratado de rescatar las tecnologías y el empoderamiento de las familias campesinas del Sur de la provincia de Esmeraldas para que las comunidades construyan Soberanía Alimentaria desde sus localidades, mira como este trabajo en el marco de la pandemia, les permite construir un imaginario del “nuevo campesino/a” y de la construcción de poder desde la autonomía campesina, aun con la inatención y los obstáculos que vienen desde el Estado.

En este séptimo diálogo de la campaña #ManosQueNosAlimentan, Nancy Bedón dirigente de la Unión de la Organizaciones Campesinas de Esmeraldas, cuenta la forma como han gestionado su vida frente a la emergencia sanitaria y cuál debería ser el papel de la agricultura familiar campesina en el sostenimiento de los territorios de su provincia.

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Rebeca Flores- COCIF “En los tiempos actuales de crisis, necesitamos un precio justo, sin intermediarios”

#ManosQueNosAlimentan #6

La Corporación de Organizaciones Campesinas e indígenas de Flores (COCIF), agrupa a 27 comunidades indígenas en la parroquia Flores del Cantón Riobamba (Chimborazo). Esta organización afronta varios problemas que viven las comunidades de la sierra centro como el minifundio, el no acceso al agua de riego, los altos índices de desnutrición y de migración del campo a la ciudad. Por esta última, la mayoría de personas que habitan en estos territorios son adultas mayores.

El territorio sufre un proceso de microfundización, por lo que las familias disponen de un promedio de 500 m2 de tierra. Frente a esta situación, las familias campesinas optimizan su uso a través de la producción de cereales (que no necesitan agua de riego), siendo los principales productos quinua, maíz, cebada, papa, trigo.

Por falta de apoyo para la agricultura familiar campesina, desde hace varios años, existe una fuerte migración hacia ciudades grandes como Guayaquil, donde se emplean como comerciantes o vendedores informales. Durante la pandemia, frente al fenómeno del retorno de personas infectadas a sus territorios, al menos tres comunidades reportan casos de COVID-19. Por ello, como estrategia cerraron las comunidades. Además, de forma solidaria, la comunidad estuvo en contacto con sus familiares que habitan las grandes ciudades enviando plantas medicinales y alimentos.

En este sexto diálogo de la campaña #ManosQueNosAlimentan, Rebeca Flores, dirigente de mujeres y juventud de la COCIF, cuenta el papel de la mujer indígena en las estrategias que han asumido en la comunidad frente a la emergencia sanitaria.

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Magdalena Loja- FOA: «la mega minería es una contradicción irreconciliable con las comunidades que defienden el agua»

#ManosQueNosAlimentan #5

Al hablar de la lucha por el agua, no podemos dejar de pensar en las organizaciones campesinas del Austro. Ellas han protegido las fuentes de agua por siglos y frente a la amenaza megaminera, han salido a la defensa de sus territorios y han asumido una actitud digna de resistencia al embate extractivista.

En abril de 2008, la Asamblea Nacional Constituyente emitió el “Mandato Minero” con el que se obligaba extinguir concesiones mineras sin compensaciones económicas por parte del Estado, en lugares donde existan fuentes de agua y donde no se realizaron procesos de consulta a las poblaciones. Este era el caso de los proyectos Loma Larga (Kimsacocha) y Río Blanco. Sin embargo, contrariando dicho mandato el gobierno de Rafael Correa, abrió la puerta a lo que llamaría Francisco Hurtado “el festín minero del siglo XXI”.

Los proyectos mineros Loma Larga (Kimsakocha) y Río Blanco se encuentran al sur del Ecuador, dentro de la zona de páramo andino, conocida como el Macizo del Cajas. El lugar tiene un alto valor ecológico por ser un sitio de recarga de agua donde nacen muchas cuencas hídricas. Además, posee un gran valor cultural, porque en este lugar habitan pueblos indígenas y campesinos. Por esta razón la UNESCO le confirió la categoría de Área de Reserva de la Biosfera, ya que podemos encontrar diferentes pisos climáticos como son: páramos, humedales, manglares y zona marina. El núcleo central más importante está formado por el Parque Nacional Cajas y el Área Nacional de Recreación Kimsakocha, que son parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ecuador donde está prohibida constitucionalmente la minería metálica.

Esto ha llevado a que las comunidades luchen contra el poder de las grandes mineras y del Estado, las cuales han ido ganando espacio en los territorios campesinos y procurado bloquear los mecanismos de consulta a las comunidades. Sin embargo, la lucha de las comunidades campesinas del austro ha logrado detener los intereses mineros en el territorio.

La exigencia de consulta popular por parte de las comunidades tuvo su eco en el 2019, donde el Consejo Nacional Electoral dio paso a la siguiente pregunta: ¿Está usted de acuerdo que se realicen actividades mineras en los páramos y fuentes de agua del Sistema Hidrológico Kimsacocha? El 86,79% de electores (7.135 votos) dijo No. Obteniendo un contundente triunfo no solo para las comunidades de Girón que defienden el páramo de Kimsacocha, sino para otras comunidades con exigencias similares. No obstante, a pesar de que esta resolución debe ser acatada, las comunidades campesinas continúan denunciando la presencia en territorio de la empresa minera y del Ministerio de Recursos no Renovables desacatando el mandato popular.

En este quinto diálogo de la campaña #ManosQueNosAlimentan, Magdalena Loja dirigente de la FOA, cuenta la forma como han gestionado su vida frente a COVID-19 y sobre la amenaza minera que, aun en emergencia sanitaria, continua presente en su territorio.

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Elena Plazas- ASOMAC: «Sentimos el abandono del Estado desde el ilegal desalojo»

#ManosQueNosAlimentan #4

La Asociación de Montubios del cantón Colimes-Guayas (ASOMAC), es una organización de la costa ecuatoriana que sostiene como elementos fundamentales en su lucha para la exigibilidad del derecho humano a la alimentación: el acceso a tierra, agua, semillas y créditos productivos, para alcanzar su soberanía alimentaria.

Su lucha por el acceso a la tierra se vio recompensada cuando en 2004, ASOMAC tomó posesión de la hacienda “La Leopoldina”, incautada por la extinta Agencia de Garantías de Depósitos (AGD). Cinco años después, en 2009, el MAGAP y el Instituto Nacional de Desarrollo Agrario (INDA) hicieron la entrega de la garantía de posesión a ASOMAC mediante acto público realizado en el cantón Vinces (provincia de Los Ríos). De 700 hectáreas que comprendía la antigua hacienda, alrededor de 620 se le otorgaron a ASOMAC. El gobierno en ese año ratificaba la legitima posesión de la tierra por parte de las familias campesinas.

No obstante, el compromiso del Estado por asegurar tierras para campesinos/as se rompió y cambió de rumbo, lo que provocó que el 11 de diciembre de 2015 se desalojara ilegalmente a 44 familias de ASOMAC, sin respetar las garantías procesales correspondientes. Producto del desalojo dichas familias quedaron sin vivienda ni tierra para producir. Frente a esta ilegalidad y apoyándose en la legitimidad de su lucha por la tierra, el 31 de marzo de 2016, el Tribunal Distrital No. 2 de lo Contencioso Administrativo falló a su favor, lo que obliga al MAG a que les otorgue títulos de tierras a los 44 campesinos/as de ASOMAC que fueron desalojados. 4 años después, aún esperan la ejecución de la sentencia.

Hoy en día los efectos del desalojo siguen presentes, y sin duda han sido determinantes al momento de enfrentar emergencias como la del COVID-19. En este cuarto dialogo de la campaña #ManosQueNosAlimentan, Elena Plazas dirigente la ASOMAC, cuenta la forma como han gestionado su vida frente a la crisis y la inatención del Estado en el marco de la emergencia sanitaria.

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Raquel Silva: “Las familias campesinas que llevan la comida a la mesa de los ecuatorianos están indefensas”

#ManosQueNosAlimentan #3

Las medidas ordenadas por el gobierno nacional y los gobiernos locales para salvaguardar la vida de las personas en medio de la emergencia sanitaria por COVID-19 han tenido serios impactos sobre la cotidianidad de las familias, su salud, su educación, su alimentación y su economía en general.

Para el caso de la Asociación Agrícola RIO MAR, de la Parroquia Tarifa, Cantón Samborondón en la provincia del Guayas, las familias campesinas afrontaron un desalojo forzado y sin sustento legal en el marco del confinamiento.

37 familias campesinas de la Asociación RIO MAR han ocupado el predio de 166,79 hectáreas por más de 24 años y cuentan, desde el 2009, con garantías de posesión vigentes otorgadas por el mismo Estado a través de la Subsecretaria de Tierras. No obstante, el miércoles 20 de mayo cuando la comunidad se encontraban cosechando el arroz llegaron con maquinaria pesada, un grupo de presuntos compradores del predio y la fuerza pública a tomar posesión del mismo. Cerraron vías de acceso y canales de riego atentando contra el derecho legítimo de los campesinos y campesinas de permanecer en la tierra y cultivarla. El jueves 21 de mayo continuó el desalojo, ésta vez con mayor presencia de la fuerza pública y civiles dirigidos por los presuntos compradores del predio. Detuvieron a varias personas.

En los artículos 15 y 17 de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos, las Campesinas y otras personas que trabajan en Áreas Rurales, para la garantía del derecho humano a la alimentación, el Estado ecuatoriano debe asegurar a los campesinos y campesinas el acceso, uso y control a la tierra (derecho a la tierra) y otros recursos naturales. Los Estados deben hacer efectivos los derechos de los campesinos (Art. 2) adoptando todas la medidas legales, administrativas o de otro tipo para garantizar la protección por parte de las autoridades competentes de todo acto de violencia, amenaza, represalia y discriminación que vaya en contra de las familias campesinas (Art.8), además de proporcionarles mecanismos eficaces para prevenir despojarlos arbitrariamente de sus tierras y recursos naturales o privarlos de sus medios de subsistencia donde además ejercen su derecho al trabajo, a la vivienda, al derecho a alimen- tarse adecuadamente y a la soberanía alimentaria (Art.12,13,15), esto va en consonancia con el artículo 13 de la Constitución del Ecuador, donde el Estado ecuatoriano y sus instituciones están obligados a respetar los derechos a la alimentación, a la tierra, al agua, a la vivienda y a la soberanía alimentaria de las familias campesinas de RIO MAR.

En este tercer dialogo de la campaña #ManosQueNosAlimentan, Raquel Silva coordinadora de la Unión de Organizaciones Tierra y Vida de la pro- vincia del Guayas cuenta lo sucedido con las familias campesinas de Río Mar y evalúa los impactos generados por este desalojo en la vida de la comunidad en el marco de la emergencia sanitaria.

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Juana Francis Bone: “Ninguna estrategia para la emergencia pensó en sistemas de prevención de violencia”

#ManosQueNosAlimentan #2

En el marco de la emergencia sanitaria, un tema de preocupación es la violencia de las mujeres en el área rural. En el informe gubernamental de la emergencia sanitaria por el COVID-19 del 6 de junio del 2020, el Servicio Integrado de Seguridad ECU-911, reportó haber recibido 22.836 llamadas de emergencia desde el inicio del confinamiento, lo que equivale a una frecuencia diaria de 278 llamadas. De este número pocas han tenido el acompañamiento judicial debido. La magnitud del problema deja en evidencia la insuficiencia de los programas estatales en la erradicación de la violencia contra las mujeres.

La emergencia por el COVID-19 exacerba la violencia, de acuerdo a la directora ejecutiva de ONU Mujeres, el confinamiento aviva la tensión y el estrés generado por preocupaciones relacionadas con la seguridad, la salud y el dinero. Así mismo, refuerza el aislamiento de las mujeres que tienen compañeros violentos, separándolas de las personas y recursos que mejor puedan ayudarles, por tanto, es la situación perfecta para ejercer un comportamiento controlador y violento en el hogar.

En este segundo dialogo de la campaña #ManosQueNosAlimentan, Juana Francis Bone parte del Colectivo “Mujeres de Asfalto”, hace una lectura respecto a la violencia intrafamiliar en el área rural que fue evidente por el confinamiento producto de la emergencia sanitaria.

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Ivonne Macías: “Las que están pagando las consecuencias (del derrame) somos las mujeres”

#ManosQueNosAlimentan #1

El pasado 7 de abril del 2020, las tuberías del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) y el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) de Ecuador se rompieron y causaron un gran derrame que liberó al menos 15 mil barriles de petróleo al río Coca, aguas arriba de la antigua cascada de San Rafael. Tras dos meses de inatención por parte del Estado Ecuatoriano, la presencia de problemas dérmicos (manchas, sarpullido o laceraciones en el cuerpo), un brote de dengue y casos con sintomatología asociada a COVID-19, son cada vez más frecuentes. Estos efectos agudos generados por el derrame y la pandemia, de acuerdo con los afectados, son visibles en al menos el 70% de las comunidades impactadas. Según criterios de expertos, los daños en la piel son propios de personas que han estado expuestas al contacto con el agua del río contaminado; de continuar la contaminación sin la debida, estas afecciones se pueden intensificar si el ambiente continúa contaminado.

Tanto la contaminación del agua, como los efectos a la salud de la población, han significado un peso importante al ya complejo trabajo no remunerado que efectúan las mujeres rurales quienes a través del cuidado enfrentan los efectos de la pandemia. Ivonne Macías, coordinadora zonal de la Red de Mujeres de la Unión de Afectados y Afectadas por las operaciones petroleras de Chevron-Texaco y presidenta del Comité de Derechos Humanos del cantón Shushufindi de la provincia de Sucumbíos, nos cuenta sobre la crisis de cuidados exacerbada por el derrame de petróleo.

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De quienes nos alimentan. La pandemia y los derechos campesinos en Ecuador

Surge una preocupación por los impactos del COVID-19 en las agriculturas familiares campesinas. Sus relatos sostienen que no han recibido la ayuda humanitaria suficiente o el apoyo estatal acorde a la importancia de sus actividades. Esto agrava su situación de vulnerabilidad poniendo en riesgo su salud y vida. Sin duda, las medidas sanitarias implementadas para evitar la propagación del virus tienen consecuencias directas sobre el funcionamiento de los sistemas agroalimentarios y quienes lo sostienen: las familias campesinas e indígenas del país.

La Organización para la alimentación y agricultura de la ONU (FAO, 2020) en su informe Seguridad Alimentaria bajo la Pandemia de COVID-19, recomienda como medida esencial que los países, en el marco del COVID-19, declaren las acciones relacionadas con la alimentación y la agricultura como actividades estratégicas de interés público nacional, que requieren de atención prioritaria y respaldo especial del Estado y de la población en general.

En consecuencia, se requieren acciones afirmativas desde el Estado para que las medidas de contención de la pandemia no comprometan la soberanía alimentaria ni vulneren los derechos campesinos. Sin embargo, el abandono estructural que ha tenido el campesinado ecuatoriano se ve exacerbado por la pandemia. Para las organizaciones campesinas la ausencia del Estado en sus territorios no es algo novedoso. La agricultura familiar no ha sido considerada como eje prioritario para la garantía de la soberanía alimentaria durante décadas.

Ante la situación de vulnerabilidad de los sectores campesinos, la preocupación no es sólo por lo que pase durante la cuarentena, sino que se plantea en el largo plazo una pregunta: ¿Qué garantías tienen las comunidades campesinas para gestionar sus modos de vida en el escenario post-pandemia?

El informe que acompaña a este boletín presenta un análisis preliminar sobre los impactos del COVID-19 en las economías campesinas del Ecuador. Es el resultado de un esfuerzo colectivo de organizaciones de la sociedad civil como FIAN Internacional, FIAN Ecuador, el Instituto de Estudios Ecuatorianos, el Observatorio del Cambio Rural-OCARU y la Unión de Pequeños Productores “Tierra y vida”;que buscan ubicar los principales problemas del campesinado en la palestra pública, para poder construir de la mano de las organizaciones campesinas un camino que reoriente y enriquezca la política pública con los aportes de la agroecología, del cuidado y los aprendizajes de las luchas del campo.

Es por ello que el documento se sostiene en: 1) la revisión, análisis e interpretación de cifras oficiales, políticas públicas, decretos ejecutivos, tratados y declaraciones internacionales como la de los Derechos Campesinos; y 2) en los testimonios y reflexiones de las personas y de las organizaciones campesinas que se han mantenido vigilantes frente a la crisis del COVID-19, y que quieren hacer frente a las deficiencias en la comunicación de la información y a las múltiples contradicciones por parte del gobierno ecuatoriano.

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Sobre el desalojo de familias campesinas de la asociación “Rio Mar” el 21 en medio de la emergencia sanitaria por COVID-19

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COMUNICADO PÚBLICO SOBRE EL DESALOJO DE FAMILIAS CAMPESINAS DE LA ASOCIACIÓN RIOMAR EL 21 DE MAYO DE 2020 EN MEDIO DE LA EMERGENCIA SANITARIA POR COVID19

Las medidas ordenadas por el gobierno nacional y los gobiernos locales para salvaguardar la vida de las personas en medio de la emergencia sanitaria por Covid19 han tenido serios impactos sobre la cotidianidad de las familias, su salud, su educación, su alimentación y su economía en general. Una población sobre la cual los impactos son aún más fuertes son las poblaciones rurales que, históricamente han sido abandonadas por el estado y suelen subsidiar la agricultura familiar campesina e indígena – AFCI a través de empleos informales. Durante el confinamiento y la pandemia, las comunidades indígenas, campesinas, montubias y afro han tenido que enfrentar el covid19 con remedios caseros para no ir a centros de salud distantes y colapsados. Deben salir atender los cultivos y los animales, también deben salir a comercializar, o intercambiar sus productos, lo que implica un riesgo elevado de contagio. Muchos de ellos no tienen los salvo conductos para movilizar los productos quedando así en manos de intermediarios. Las mujeres, además deben encargarse de la educación virtual a pesar de que muchos no cuentan con acceso a servicios básicos, menos internet. Como si todo esto no fuera suficiente, ahora, comunidades como la Asociación Agrícola RIO MAR, de la Parroquia Tarifa, Cantón Samborodón en la provincia del Guayas afrontaron un desalojo forzado y sin sustento legal.

37 familias campesinas de la Asociación RIO MAR han ocupado el predio de 166,79 hectáreas por más de 24 años y desde el 2009 cuentan con garantías de posesión vigentes otorgadas por el mismo Estado a través de la Subsecretaria de Tierras. De acuerdo a manifestaciones de las Familias de RIO MAR, los intentos de desalojo se han venido dando desde el año 2002, retomando esta acción con fuerza el miércoles 20 de mayo cuando la comunidad se encontraban cosechando el arroz. Llegaron, con maquinaria pesada, un grupo de presuntos compradores del predio y la fuerza pública, a tomar posesión del mismo. Cerraron vías de acceso y canales de riego atentando contra el derecho legítimo de los campesinos de permanecer en la tierra y cultivarla. El jueves 21 de mayo continuó el desalojo, ésta vez con mayor presencia de la fuerza pública y civiles dirigidos por los presuntos compradores del predio. Detuvieron a varios campesinos, entre ellos Danilo Fariño Zúñiga, Presidente de la Asociación, Albino Zúñiga socio de la organización y Presidente de la UNIÓN “TIERRA Y VIDA”, entre otros de la tercera edad. A la fecha no se tiene pruebas de que exista un título legal inscrito en el Registro de la Propiedad u orden de la autoridad competente para el desalojo.

Los artículos 15 y 17 de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos, las Campesinas y otras personas que trabajan en Áreas Rurales, los Estados, para la garantía del derecho humano a la alimentación, deben asegurar a los campesinos y campesinas el acceso, uso y control a la tierra (derecho a la tierra) y otros recursos naturales. Los Estados respetarán, protegerán y harán efectivos los derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales (Art. 2) adoptando todas la medidas sean legales, administrativas o de otro tipo para garantizar la protección por parte de las autoridades competentes de todo acto de violencia, amenaza, represalia y discriminación que vaya en contra de campesinos o campesinas (Art.8), además de proporcionarles mecanismos eficaces para prevenir despojarlos arbitrariamente de sus tierras y recursos naturales o privarlos de sus medios de subsistencia donde además ejercen su derecho al trabajo, a la vivienda, al derecho a alimentarse adecuadamente y a la soberanía alimentaria (Art.12,13,15), esto va en consonancia con el artículo 13 de su propia constitución política, el Estado ecuatoriano y sus instituciones están obligados a respetar los derechos a la alimentación, a la tierra, al agua, a la vivienda y a la soberanía alimentaria de los/as campesinos/as de RIO MAR.

En este sentido en sus recientes Observaciones Finales para el Estado de Ecuador adoptadas el 18 de octubre de 2019 el Comité DESC ha recomendado al Estado Ecuatoriano en el párrafo 44:

“a)​Adoptar medidas para prevenir y sancionar los responsables de desalojos forzosos y actos de violencia en contra de la población campesina y los pueblos indígenas, en torno al acceso y uso de la tierra;
b)​Adoptar medidas para asegurar la redistribución de tierras a favor de la población más desfavorecidas”

Denunciamos el desalojo como un acto de abuso de poder ilegal e inconstitucional, violatorio a los derechos humanos, en especial de los derechos de los y las campesinas en medio de la emergencia sanitaria en la provincia con mayores números de contagiados y muertes. Por tanto:

• Exigimos la libertad inmediata de los campesinos detenidos. Exigimos y el retorno con todas las garantías y medidas de reparación para los campesinos.
• Solicitamos a la Ministra de gobierno abrir una investigación sobre la actuación de la fuerza pública y a INMOBILIAR, por ejecutar este desalojo sin contar con orden de autoridad competente.
• Adoptar todas las medidas urgentes y necesarias para frenar el desalojo y actos de violencia que violen los derechos humanos de los/as campesinos/as de RIO MAR.
• Investigar y sancionar a los funcionarios que han participado en actos dolosos en trámites de adjudicación de tierras.
• Que se respeten las garantías de posesiones emitidas por el Ministerio de Agricultura y Ganadería a través de la Subsecretaria de Tierras, a favor de RIO Mar.

FIAN Ecuador
Mayo 22 de 2020
Más información: fian@fianecuador.org.ec

Pronunciamiento: Manos Campesinas que garantizan nuestro Derecho a la Alimentación ante la crisis

Pronunciamiento FIAN Ecuador
 
Queremos denunciar la difícil situación sanitaria y socio-política por la que atraviesa la población mundial y particularmente la ecuatoriana en el sector rural, debido a la diseminación del COVID-19, en conexión con otras pandemias históricamente invisibilizadas, tales como el hambre, la desnutrición y la pobreza.
 
En nuestra opinión tales pandemias son resultantes del actual modelo de desarrollo, que ha incidido en la degradación de los ecosistemas saludables, como consecuencia de la hegemonía de las transnacionales y grupos económicos locales que acaparan la tierra, el agua, las semillas y las políticas públicas en defensa de sus intereses de lucro y en nombre de la productividad, a través de sistemas de producción con modelos agroindustriales. Consideramos que el desarrollo económico somete cada vez más a la naturaleza a un proceso de artificialización productiva, basada en paquetes tecnológicos altamente contaminantes, derivando en el deterioro del sistema inmunológico de todas las especies que habitamos el planeta tierra, además agudizando el cambio climático.
 
Desde la visión de quienes producen el campo a pequeña escala, hay dos sectores: 1. El que explota encadenándoles al monocultivo y 2. el que se dedica a la producción diversificada. En el Ecuador la situación del primer sector, en medio de la crisis provocada por el COVID-19, agudiza las problemáticas de empobrecimiento. Su sistema de producción está encadenado regularmente por la cadena del monocultivo de arroz, maíz o soya en la Costa, papa, brócoli o tomate en la Sierra, que por ende significa una exposición directa a agrotóxicos. Estas substancias hacen más vulnerables el sistema inmunológico de los y las trabajadoras agrícolas. En efecto, estas personas no cuentan con aire saludable y se confrontan a la ausencia de alternativas para proveer a sus propias familias de alimentos saludables. A esto se suma el constante endeudamiento con las tiendas de agroinsumos, con los bancos del estado o con prestamistas informales, pues de esto depende la producción.
 
En contraste, el segundo sector enfrenta la crisis provocada por el COVID-19 desde un escenario distinto. La diversificación de los productos en su sistema de producción les permite tener varios alimentos que son vitales para su alimentación adecuada. En principio, ellos producen bajo la tranquilidad y seguridad en la que viven y no se sienten especialmente vulnerables al virus, puesto que hacen un uso muy escaso de agro tóxicos. No obstante, debido a las restricciones de circulación impuestas por las medidas adoptadas para contener el COVID-19, estas personas están muy preocupadas por las nuevas dificultades de comercialización y movilidad de sus productos. Ahora más que nunca ellas y ellos siguen siendo víctimas de los intermediarios.
 
La situación es cada vez más compleja, especialmente para el sector campesino de la provincia del Guayas. Según la Organización Campesina Tierra y Vida, la situación que viven, las Asociaciones Campesinas cercanas o que están alrededor del Cantón Duran, es de total indefensión. Se registran casos de personas fallecidas, sin saber las causas de sus decesos y sin protocolos para el manejo de los cuerpos. También se han recibido denuncias de adultos mayores con traumas psicológicos, causados por la tensión que se vive. Los centros de salud que funcionaban en las áreas rurales cercanas están cerrados, los médicos particulares no están atendiendo y las farmacias no cuentan con medicamentos suficientes.
 
Hemos observado que empieza un fenómeno de retorno de varias familias de la ciudad al campo, escapando del contagio del virus. Esto genera un riesgo de contagio para el sector campesino, especialmente dado que la mayoría de la población rural está conformada por adultos mayores, que constituyen un grupo poblacional especialmente vulnerable a la enfermedad. Al mismo tiempo ellos y ellas son quienes aún sostienen la agricultura. El envejecimiento de la población campesina se viene dando por falta de incentivos agrícolas para los pequeños productores y puesto que históricamente los beneficios están orientados a los grandes exportadores, quienes no pueden responder frente a esta crisis, dado que sus productos, como banano, cacao, soya, palma y camarón, no sirven para el autoabastecimiento interno.
Frente a esta situación se deberían tomar medidas de prevención y más aún ante la notable falta de atención médica para el sector rural, que ahora se ha profundizado debido a la crisis.
 
Especialmente difícil es la comercialización de los productos agrícolas, debido a la restricción para la movilización de los mismos, como parte de las medidas de contención del virus. El gobierno dio la opción de salvoconductos de circulación vehicular siempre y cuando se demuestre que quienes lo solicitan se dedican a la comercialización de productos alimenticios. La forma de demostrarlo es a través del registro de actividad ante el Servicio de Rentas Internas, por medio del RUC o RISE. Sin embargo, en el campo es muy escasa o limitada la posibilidad de acceder al internet para obtener dicho salvoconducto. Por tanto, las campesinas y campesinos no tienen la posibilidad de acceder a las excepciones a las restricciones de movilidad y no pueden transportar los productos agrícolas, de cuyos ingresos dependen para sobrevivir.
 
La agricultura familiar campesina e indígena sigue golpeada por los intermediarios que son quienes tienen transporte propio y cuentan con las condiciones para comercializar en las ciudades. Por eso es importante que los gobiernos locales garanticen transporte de alimentos, y formas de comercialización directa sin intermediarios. Un claro ejemplo es lo que está haciendo la Prefectura del Azuay, o lo que ya está intentando promover el Ministerio de Agricultura y Ganadería. Esta solución consiste en asociar a los productores para acopiar los productos, y luego comercializarlos a través de canastas que se entregan directamente al consumidor.
 
En cuanto al desarrollo de políticas orientadas al sector agrario, durante la crisis sanitaria provocada por el COVID-19, en términos generales y de acuerdo a pronunciamientos de diversos sectores productivos, se ha dejado de lado la agricultura familiar campesina e indígena. Así, por ejemplo, el programa “dar una mano sin dar la mano” establece alianzas entre el gobierno y los sectores privados de las cadenas de supermercados y hace un llamado a la sociedad para dar aportes de dinero vía virtual para comprar kits de alimentos a estas mismas cadenas, dejando de lado a los y las productoras campesinas y los mercados populares. Por otro lado la Asamblea Nacional emitió un documento denominado “Resoluciones sobre la emergencia Sanitaria por el COVID-19”, aprobado el 24 de marzo. Este ha sido cuestionado por varios sectores productivos, quienes no se sienten considerados dentro de estas resoluciones, a pesar de que existen propuestas desde los sectores campesinos para que el Estado les compre sus productos directamente. Según la información que tenemos, hasta el momento el gobierno nacional no ha adoptado ningún programa conocido para los y las agricultoras a pequeña escala, ni para la priorización del abastecimiento local.
 
Nulas o pocas son las acciones que se han podido realizar conjuntamente desde las organizaciones, dadas las restricciones impuestas. Esta situación se une al temor a salir a la ciudad y contagiarse. Sin embrago las mismas familias campesinas empiezan a desarrollar algunas soluciones locales, como por ejemplo la implementación de huertos para el autoabastecimiento. Estos son importantes, debido a los bloqueos en las cadenas alimentarias globales, que ya están causando una crisis alimentaria en Ecuador y el mundo. Por ello es de suma importancia asegurar las condiciones necesarias para mantener los circuitos locales de abastecimiento. Esto no es posible sin la garantía de la tenencia de la tierra, el agua y semillas para los y las campesinas.
 
Por otro lado, consideramos que esta crisis puede ser una oportunidad para fortalecer los sistemas de producción de alimentos locales y demostrar al mundo que la agricultura familiar campesina e indígena (AFCI) tiene plena relevancia y es de vital importancia. Esta aporta el 70 % de la comida a nivel mundial, es aquella que nos asegura como país los alimentos saludables y producidos de manera sostenible. La misma se mantiene gracias a la diversidad de su producción y a la pluriactividad a la que se dedican varias familias. Por eso mismo, nos preocupan las violaciones a los derechos laborales y otros relacionados, incluyendo los despidos masivos en los cultivos de flores, las jornadas externas de trabajo sin protección en las bananeras y los impactos producidos en el comercio informal, afectado por las medidas de restricción de la movilidad.
 
Con estos escenarios de sobreexplotación laboral, la AFCI ha venido subsidiando el real costo de los alimentos. Sin embargo, frente a esta crisis y las medidas adoptadas por el gobierno, este sector está siendo afectado otra vez, con un riesgo para la realización del derecho a la alimentación de la población ecuatoriana en general, a mediano y largo plazo.

 
La AFCI es la alternativa a los riesgos que genera el enfoque extractivo e insostenible de los recursos naturales. La crisis generada por el COVID-19 debería llevarnos a reflexionar sobre la importancia de colocar la vida como centro de las políticas públicas, por encima de los intereses económicos, como corresponde hacerlo en cumplimiento de las obligaciones constitucionales e internacionales de derechos humanos que ha asumido el Estado ecuatoriano.

Con base en lo anterior, solicitamos que el gobierno nacional adopte las siguientes medidas:

  1. Asegurar acceso a la salud a la gente del campo, y generar medidas sanitarias oportunas frente al masivo retorno de personas desde la ciudad al campo. Es importante tener en cuenta que la salud es un derecho humano de todas y todos. Esta no solo debe ser privilegio de unas pocas personas.
  2. Permitir que los mercados campesinos funcionen, asegurando las medidas sanitarias requeridas.
  3. Establecer mecanismos de expedición de salvoconductos de transporte de los productos campesinos que sean adecuados a sus realidades y que no los confronten a los problemas de la digitalización.
  4. La condonación de deudas a los pequeños/as productores/as de alimentos, que tienen préstamos productivos. Igualmente se deben condonar las deudas a las Asociaciones campesinas adjudicatarias de tierras incautadas a terratenientes y banqueros a finales del año 1999.
  5. Adoptar medidas económicas necesarias para sostener, reactivar e incentivar la agricultura familiar campesina e indígena para afrontar a mediano y largo plazo la crisis económica que se avecina.
  6. Establecer una renta básica (salario básico al menos los meses de esta crisis) para el sector agrícola en especial a la Agricultura Familiar Campesina e Indígena (AFCI), garantizando así un abastecimiento continuo de alimentos.
  7. Declarar zonas de reserva de alimentos para garantizar la Soberanía Alimentaria y el Derecho a la Alimentación.
  8. Detener la expansión del monocultivo y el extractivismo a gran escala, generando una zonificación territorial, dando prioridad a la producción de diversos alimentos.
  9. Apoyar y fortalecer los circuitos cortos y directos de comercialización campesina con el fin de evitar la especulación de los precios y garantizar un pago justo a los productores.
  10. Adoptar medidas para asegurar el derecho a la Alimentación de las mujeres rurales, mediante programas que permitan su reactivación económica, evitando su endeudamiento.
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