Hay mesas donde se toman decisiones. Y hay mesas donde se coloca la vida en el centro...
Desde 2023, FIAN Ecuador en alianza con la Defensoría del Pueblo del Ecuador y el financiamiento del Fondo Italo Ecuatoriano para el Desarrollo Sostenible pusimos sobre una misma mesa algo urgente e inaplazable: el derecho humano a la alimentación y nutrición adecuada frente a la desnutrición crónica infantil en el Ecuador.
Que todas las personas puedan acceder, de manera regular, permanente y libre, a alimentos suficientes, nutritivos y culturalmente pertinentes no es un ideal. Es un derecho.
Un derecho que en Ecuador se pone a prueba en los primeros años de vida, esa etapa donde se forja el cuerpo, el pensamiento y la emoción. Por eso "Sobre la Mesa" nació como una iniciativa para analizar, visibilizar y transformar la situación del derecho a la alimentación, con especial atención a las comunidades rurales y campesinas.
El proyecto fortaleció las capacidades organizativas, productivas e institucionales de 120 familias campesinas, indígenas y afrodescendientes de 22 comunidades: voces y manos que pertenecen a la Unión de Organizaciones Campesinas de Esmeraldas, a la Corporación de Organizaciones Campesinas e Indígenas de Flores en Chimborazo y al Pueblo Wankavilka de Santa Elena.
Desde un enfoque intercultural, se reconoció la riqueza de las prácticas alimentarias locales: los productos propios, los sistemas de producción sustentables, los saberes que las comunidades guardan y que son, ellos mismos, una forma de resistencia y de cuidado.
Resultado 1: Promotores comunitarios formados en DHANA y SOBAL replicando procesos formativos (dirigentes y funcionarios públicos).
101 personas se convirtieron en promotoras y promotores comunitarios de alimentación sana, agroecología y derechos. En cinco cocinas comunitarias, el conocimiento tomó forma de práctica, de sabor y de encuentro. Pero ese conocimiento no se quedó en el papel: fue replicado, sembrado, multiplicado en los territorios hasta llegar a más de 252 personas adicionales ampliando el horizonte del proyecto.
Y al proceso de formación se sumó el arte. Siete artistas en escena. Una obra de teatro que dialogó con más de 273 familias en siete parroquias, llevando un mensaje sencillo y poderoso: comer bien es posible, comer de nuestra tierra es necesario. Los aplausos resonaron en las plazas, y sus mensajes llegaron también a las redes, ampliando el alcance más allá de los salones comunales.
Resultado 2: Implementadas fincas agroecológicas piloto, con diversificación productiva y espacios de comercialización e intercambio creados
En el campo, la transformación fue tangible. Dieciocho fincas agroecológicas piloto, hoy con producción diversa, herramientas suficientes, riego tecnificado kits de semillas y plantulas y bioinsumos que devuelven vida a suelos antes degradados.
Parcelas que se replican. Comunidades que se visitan, que comparten semillas y experiencias. Porque cuando la agroecología echa raíces, no hay excusa para el hambre.
Resultado 3: Contar con instrumentos de política pública y herramientas jurídicas que viabilicen el ejercicio del DHANA y la SOBAL.
De todo este proceso emergieron propuestas. Propuestas que nacieron en las comunidades, que huelen a tierra y saben a trabajo colectivo.
Hoy, dos políticas públicas sólidas se encuentran en discusión en los concejos cantonales de Santa Elena y Riobamba. Políticas que ponen en el centro a quienes producen los alimentos que nos sostienen, y que aspiran a ser referentes para el fortalecimiento de los sistemas agrícolas campesinos en sus provincias.
"Sobre la Mesa" puso rostros y voces: las infancias con derecho a crecer sanas, las personas adultas mayores que guardan la memoria de comer bien, las mujeres artesanas que fortalecen sus economías desde la identidad, las juventudes emprendedoras y estudiantes que redescubren su vínculo con la tierra, y las autoridades convocadas a decidir con evidencia y con dignidad.
"Sobre la Mesa" cierra un ciclo. Pero los aprendizajes, las alianzas y las semillas sembradas junto a las comunidades seguirán dando fruto. Porque este proyecto nos enseñó que las soluciones al hambre no bajan de los escritorios: nacen de la tierra, se construyen en colectivo y se sostienen cuando las comunidades son reconocidas como lo que siempre han sido: las verdaderas guardianas del derecho a la alimentación.


