jueves, octubre 28, 2021

Día de la Mujer: no una jornada, sino una lucha continuada

La mitad de la población mundial que representan las mujeres, sigue padeciendo una terrible discriminación en zonas rurales y urbanas. Esta situación les está llevando a sufrir hambre y malnutrición de un modo desproporcionado, al mismo tiempo que mantiene al mundo en desequilibrio.

Como poseedoras de todos los derechos humanos internacionalmente reconocidos, las mujeres tienen el derecho a una igual remuneración por el mismo trabajo, a la posesión de tierras, a la salud sexual y reproductiva, a la educación, a la seguridad social y a la participación política. Haciendo hincapié en la interrelación que existe entre los derechos humanos, si se da discriminación hacia cualquiera de los derechos políticos, civiles, económicos, sociales o culturales, este desequilibrio impedirá la realización del resto de derechos, entre los que se incluye el derecho a alimentarse por sí mismos.

Aún en 2017, las mujeres ven limitada su capacidad de obtener ingresos adecuados y están abandonadas sin tener garantizado el acceso a una alimentación adecuada. Las mujeres y las niñas sufren desproporcionadamente de malnutrición y tienen restringido el acceso a los recursos para su obtención. En la práctica, esta situación las lleva a un desafortunado escenario donde las     mujeres acumulan el 70% del hambre mundial y tienen alto riesgo de sufrirlo en tiempos de volatilidad del precio de los alimentos.

Grandes productoras de alimentos, pero solo con control de un 2% de la tierra

Tal y como se ha recogido en “    Mujeres: El Derecho a una Alimentación Igualitaria”, no puede pasarse por alto la participación de las mujeres en la producción alimentaria. Las mujeres cultivan, aran la tierra y recolectan     más del 50% de la alimentación mundial. Las mujeres contribuyen de un modo significativo a la mano de obra del sector alimentario a través de su participación en las actividades previas y posteriores a la recolecta, preservando y transfiriendo la sabiduría tradicional a las comunidades y responsabilizándose del cuidado de las áreas rurales y urbanas. Paradójicamente, las mujeres poseen menos del 2% de las tierras en las zonas rurales y también suelen estar excluidas de la toma de decisiones y cargos de liderazgo en cuanto al control sobre los recursos naturales, crucial para la producción de alimentos.

Esta situación nos lleva a la conclusión de que las leyes y políticas no reconocen a las mujeres como productoras y desatienden los  problemas a los que deben enfrentarse para lograr acceder a la alimentación y a la nutrición de forma regular a lo largo de su vida. Esto llega como resultado de la adjudicación de un rol secundario a la mujer a lo largo de la historia, que las ha conducido en muchas ocasiones a la destrucción de su realidad particular y al menosprecio de su condición dentro de la sociedad.

Se necesita una movilización sistemática

El Día Internacional de la Mujer no debe tomarse como una reivindicación o celebración puntual, si no que ha de ser la ocasión para reflexionar sobre una lucha continuada. En una época de inestabilidad política donde no se cuestionan únicamente el progreso de los derechos de las mujeres, si no todos los avances alcanzados,  es necesaria una movilización de manera urgente.

Cualquier intento de impulsar a la humanidad hacia un orden social más justo, debería tener en cuenta las diferentes relaciones que las mujeres establecen con los otros y con su entorno; abordar su situación en el marco privado y público de la sociedad; y los derechos fundamentales que persiguen su protección. Sin no se siguen estos pasos, el avance será poco probable.

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